Vida en un barco de altura: cómo se trabaja y se convive lejos de tierra

Pescados Blas Paradela / De la mar

La vida en un barco de altura reúne en un mismo espacio el trabajo, el descanso y la convivencia. Durante una marea —el viaje de pesca entre la salida y el regreso a puerto—, la tripulación comparte mucho más que las faenas de cubierta. También comparte comidas, cansancio y la distancia de casa.

En puertos como Celeiro y Burela, esta realidad forma parte de la historia de muchas familias. Para comprenderla conviene mirar más allá de la descarga: ¿cómo transcurre el día cuando el lugar de trabajo también es el lugar donde vives?

El ritmo lo marca la pesca

No existe una jornada idéntica para todos los barcos de altura. El arte de pesca, el caladero, la meteorología y la organización de cada embarcación condicionan la rutina.

En un palangrero de fondo dedicado a especies como la merluza, por ejemplo, el trabajo incluye preparar los anzuelos con cebo, largar el aparejo y recogerlo después. El palangre consiste en una línea principal de la que cuelgan otras más cortas con anzuelos. Mientras una parte de la tripulación recoge el arte, otros marineros pueden estar atendiendo las capturas o preparando material para el siguiente lance. La coordinación es necesaria en cada fase.

Por eso, explicar la vida a bordo con un horario cerrado de desayuno, trabajo y cena dejaría fuera una parte esencial: las operaciones de pesca estructuran buena parte del día.

Descansar también exige organización

Terminar una tarea no significa salir del entorno de trabajo. El camarote está dentro del mismo barco, que continúa navegando y moviéndose.

El ruido, las condiciones de la mar, los horarios y la carga física pueden dificultar el descanso. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo señala que la fatiga en la pesca está relacionada tanto con la falta de sueño o su mala calidad como con un exceso de esfuerzo físico o mental.

Dormir y recuperarse forman parte de la seguridad a bordo. Respetar el descanso de los compañeros y organizar adecuadamente las tareas importa tanto como disponer de un lugar donde acostarse.

Comer, lavar la ropa y compartir espacios

La vida cotidiana también necesita sitio entre las faenas. Hay que cocinar, mantener limpios los espacios comunes, lavar la ropa y guardar las pertenencias.

Las condiciones dependen de cada embarcación. Un reportaje sobre el palangrero Rodríguez Parapar, con base en Celeiro, mostraba cocina equipada, comedor con televisión por satélite, camarotes compartidos y una zona con lavadora y secadora. Es un ejemplo concreto de cómo se distribuye la vida doméstica dentro de un pesquero.

Compartir esos espacios durante una marea exige consideración: dejar recogido lo que se utiliza, cuidar la limpieza y entender que los compañeros pueden necesitar descansar en momentos distintos.

Estar acompañado y echar de menos a los tuyos

A bordo se convive de forma continuada con otras personas, pero la familia y las amistades permanecen lejos. Esa combinación de convivencia intensa y separación de casa es una de las particularidades del oficio.

El INSST identifica la conciliación familiar, las jornadas irregulares y la convivencia prolongada en espacios reducidos entre los factores que afectan al bienestar de los trabajadores de la pesca.

Las comunicaciones han cambiado parte de esa experiencia. Puerto de Celeiro ha recogido ejemplos de pesqueros donde la conexión por satélite y la red wifi permiten a los tripulantes enviar mensajes y hablar con sus familias por WhatsApp. Esa posibilidad depende del equipamiento y del servicio disponible en cada barco. Una llamada acerca la vida de tierra, aunque no sustituya estar presente.

El trabajo continúa cuando el pescado sube a bordo

La captura no termina al sacar el pez del agua. También hay que manipularlo, prepararlo y almacenarlo.

En el palangrero de Celeiro documentado en el reportaje, las merluzas se evisceraban y se colocaban en cajas con hielo en escamas para su almacenamiento en la bodega refrigerada. Son labores menos visibles que la recogida del aparejo, pero forman parte del trabajo que precede a la llegada del pescado a lonja.

Mirar la llegada a puerto de otra manera

Conocer la vida en un barco de altura permite entender mejor lo que hay detrás de una descarga: preparación, maniobras, cuidado de las capturas y muchas horas de convivencia lejos de casa.

En Celeiro y Burela, mirar hacia los barcos también es mirar hacia las personas que trabajan en ellos. Comprender su rutina es una forma de reconocer el oficio y de valorar el recorrido del pescado antes de que llegue al mostrador o a la mesa.

 

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